Estoy indignadísima. Esta mañana me llega la siguiente noticia: "El Hospital General de Castellón sustituye los timbres de alarma por botes con clips"
Así de primeras puede parecer un titular sensacionalista o el argumento de una película de Buñuel, pero leed vosotros mismos.
El caso es que hace UN MES se estropeó la centralita de los timbres, la típica cajita que hay en todos los controles de enfermería del mundo civilizado y que hace piiiii o riiiiing y te indica desde que habitación están timbrando (la misma que despierta a media planta cuando suena a las 5 de la madrugada en pleno silencio).
Viniendo para aquí me he encontrado con mi abuelo y otros dos jubilados más en la puerta de una farmacia intercambiando recetas y me ha dado por pensar en las pastillas.
Sin duda, uno de los grandes temas musicales dedicado a las pastillas es aquel de Paco Pil allá por los 90 "Cuatro ruedas tiene mi coche, cuatro pastillas me tomo esta noche. A mi me gustan las pastillas, rojas verdes y amarillas", y cuya versión más reciente es el "pim pam toma lacasitos". Y es que a las chuches las tenemos de todos los colores y tamaños posibles.
Desde hace unos cuantos años paso muchas horas en el hospital. Vaya novedad, estaréis pensando, y es que esto no es nada nuevo para la mayoría de nosotras (y vosotros, que sois menos pero no me olvido). Pero siempre las paso al otro lado, al lado bueno, el lado del que trabaja.
Le llamo "el lado bueno" porque, se mire como se mire, estar del lado del paciente pocas veces tiene algo de bueno. Una ingresa de vacío y sale con unas piedras en un frasquito, tres pulseras en la muñeca o hasta incluso con un niño... lo que yo decía, que no trae nada bueno ingresar. Para eso me voy a un hotel que me voy de alta con los jaboncitos del baño, el cartel de No Molesten y unos caramelos de recuerdo.
Como ya habréis imaginado a estas alturas, sí, me tuvieron ingresada, y oye, que mal se está en la habitación de un hospital.